Manteniendo nuestro campo base en Porec, nos animamos a conocer más rincones de la “italocroata” península de Istria. Nos vamos a Pula, la ciudad más grande de la zona y con un importante pasado romano.

Arco del Triunfo de los Sergios, en honor a tres miembros de esa familia que lo petaron en su día. Construido entre el 29 y el 27 a.C.
Fotos de Manuel77 excepto las indicadas.
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Unos kilómetros más en el coche, y llegamos al destino final: La península de Istria, pegadita a Eslovenia y a Italia. ¿Qué hay?: Turismo a cascoporro e italianos a mansalva. Al final encontramos la casa de un matrimonio a las afueras de la ciudad. La penetrante aunque a la vez dispersa mirada del marido nunca será olvidada, así como la hamaca de su jardín y las escaleras que conducían al dormitorio. Estaremos dos noches allí, será nuestro último hogar en Croacia.

Calle de Porec y viajeros españoles. Foto Juanma.
Fotos propias excepto las indicadas.
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Después de Trogir, salimos esa misma tarde recorriendo la costa sin destino fijo. A medida que se acercaba la noche, decidimos parar en Senj. No tiene nada de especial la localidad, pero después de unos diez días de viaje sin parar, nos vino genial ya que descansamos algo antes de atacar el final de esta historia.

A Senj llegamos de noche con suerte, puesto que rápidamente nos ofrecieron un casa que nos convenció en dos minutos. Desde mi habitación solitaria (gracias a mis ronquidos no suelo tener compañero para descansar) veía ponerse el sol sobre la costa y el fuerte de Nehaj.
Fotos propias excepto las indicadas.
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Desde Split, llegamos en poco tiempo a Trogir, una ciudad histórica del Mar Adriático. Su centro urbano es Patrimonio de la Humanidad. Y ya he perdido la cuenta de sitios que hemos visto con esa etiqueta.

Llegamos a una pequeña iglesia, justo al lado, el Young Hostel, que esta vez sí, teníamos reservado con antelación. Me parece de coña que después de tantos días, lleguemos según la fecha prevista al lugar concreto.
Fotos de Manuel77.
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Después de visitar Dubrovnik, comenzamos al día siguiente a deshacer el camino andado y volver al norte, claro está, visitando distintas ciudades. Nos pararemos hoy en Split mañana y tarde, aunque ya buscaremos un sitio más al norte para dormir. La autopista nos permitirá avanzar muchos kilómetros y discutir distintos temas referidos a la música, Bruce Springsteen, lo que necesitamos para vivir y la percepción que tenemos algunos de las mujeres. Me dieron palos por todos lados, como es habitual en este tipo de conversaciones.

Split lo petó sobre todo porque un emperador romano, Diocleciano, se montó allí su palacio allá por el siglo IV, donde luego fue enterrado. Lo que fue su palacio-fuerte, pasó a ser una fábrica de uniformes romanos, y con la llegada de gente, una ciudad. En la ciudad podréis ver el dibujo de lo que fue en multitud de sitios: click aquí (muy chulo, conservamos el dibujo en una postal-entrada de las murallas).
Fotos, pues lo de siempre, todas propias menos las que haya mangado a Juanma.
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Desde Ston, centro de operaciones como ya hemos comentado, hacemos unos poquitos kilómetros hasta Dubrovnik, el objetivo más al sur al que llegaremos. Después de dejar el coche en un parking de la ciudad moderna, nos disponemos a viajar unos cuantos siglos atrás con tan solo cruzar unas murallas.

La entrada a la vieja Ragusa, que llegó a pertenecer a Bizancio, antes de que se la quedara Venecia. La Puerta de Pile sigue manteniendo su puente levadizo. ¿Entramos?
Fotos propias excepto las indicadas, que las sacó el jodío Juanma.
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Tras unos pocos minutos, el ferry desde Orebic nos acerca Korcula (pronunciado Kórchula), una isla así como alargada, que es de las más pobladas del Mar Adríatico. De suspueblos, destaca el que ostenta el mismo nombre.

Vigilando el puerto y los barcos que llegan del continente, las murallas de Korcula te reciben. Un gran paseo por mar antes de que caiga el sol.
Todas las fotos de Manuel 77 excepto las indicadas de Juanma “Slim Boy”.
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Cosas de la historia moderna: para acceder al sur de Croacia, tienes que pasar por unos kilómetros de tierra que pertenecen a Bosnia (su trocito para salir al mar). Al final, hay que usar el pasaporte, que no hemos desenfundado antes ni en Italia, ni en Eslovenia ni en Croacia.

Que conste que hicimos por pararnos en Bosnia, pero el puteante urbanismo del pueblo costero de Neum nos hizo desistir y seguir nuestro camino hacia lugares con más facilidad para aparcar nuestro coche-vivienda.
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