Ya sabéis que no es la primera vez que ejerco como mecenas de Juanma. A ver si me llevo el merecido premio en forma de grabado original. O algo así. Tonto.

El autor delante de sus dos obras. La grande, el caballo negro oscuro, ya está reservada, ojito…
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Ya de primeras pido perdón por repetirme tanto con las comidas y las leches estas, pero es que no hago otra cosa, y gracias al buen tiempo de estos días, o mejor dicho, de algunos días, porque igual te empapas el horcate una mañana como por la tarde el sol te calienta el cartón… como iba diciendo, que el otro día hacía buen tiempo e inauguramos la temporada de barbacoas en la terraza, la única cosa por la que la casa del Picadero es admirada. Incluso por Trini.

Por si no sabéis qué es una jodida barbacoa, es eso que señala Juanma sacando humo a cascoporro. Dios, que hambre me da tan solo con ver las fotos.
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Madre mía, ya hace dos años de la llegada a Cáceres y yo sin darme cuenta. El tiempo va más rápido que ninguna otra cosa en esta parte del mundo, señora. Permítanme rescatar algo del viejo blog:
Ya hace un año de mi llegada a Cáceres, de la firma del contrato, de la búsqueda desesperada del chiquipiso. He hecho un año de alfabetizador tecnológico y hay mil cosas positivas y muy poquitas negativas que resaltar. Pero el recuerdo más raro de esas jornadas como cacereño de adopción es el que tengo de los días en el monasterio. Porque sí, durante unos días, compartí habitación con unas monjas de clausura en la Ciudad Monumental. (Que sí, joer, que no te miento).

La historia es que por unos contactos en Badajoz, me dijeron que si necesitaba quedarme unos días en Cáceres mientras encontraba piso, me podrían conseguir una habitación gratis. A los cual, evidentemente, accedí sin preguntar. Os podéis imaginar cuál fue mi sorpresa cuando me dijeron que se trataba de una casa propiedad de las Monjas en plena Ciudad Monumental de Cáceres.
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Ostras, que se me había pasado lo del otro día, sí chacho, cuando fuimos a tierras de frontera (one more time) a recorrer esas pequeñas rutas que te llevan a ver los dólmenes que por doquier se hayan en esas tierras.

Especulando al solito cómo coño podrán haber movido esos pedruscos tan grandes. Si sigues más adelante de Valencia de Alćantara y os desvíais a la izquierda, cerca de la pequeña población de Jola, pasáis la Aceña de la Borrega y allí comienzan las pequeñas rutas.
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El Palacio de Mayoralgo es una de las fachadas que más destaca de la Plaza de Santa María de la Ciudad Monumental. Siempre bien iluminada, ahora pertenece a una caja de ahorros (igual es por eso que tiene luz y las otras fachadas a veces están a oscuras…)

Se levanta en el solar de la familia Blázquez-Mayoralgo, representante de la más antigua nobleza cacereña. Probablemente del siglo XIV-XV, su fachada es muy sencilla a pesar de contar con elementos góticos y renacentistas, si no, fijaos en la portada con arco de medio punto, dovelas grandes y las dos ventanas geminadas. Tiene un patio mudéjar con arcos apuntados del siglo XIV. Aquí se encontró hace pocos años un busto romano de bronce cubierto de oro que confirma el pasado romano de la ciudad.
Programación Womad 2008: clik aquí.
Otra buen texto del señor J. R. Alonso de la Torre.

¿Por qué es importante el Womad?
Si vive usted en Azuaga, Garlitos o Romangordo, se preguntará qué demonios es eso del Womad que enfrenta a una alcaldesa y a una consejera del mismo partido, que hace que los más altos cargos del PP fustiguen a los líderes del PSOE, que empuja al presidente de la Junta a intervenir de lleno en la cuestión y que induce incluso al sumo pontífice Francisco Fuentes, que no suele descender a las minucias, a opinar sobre el festival de marras. Si vienen ustedes a Cáceres desde Alía o Cheles durante el Womad, no encontrarán nada que no vean en los festivales de rock de sus pueblos: jóvenes haciendo botellón, cuarentones haciendo el ridículo y pelúos con perro haciendo de pelúos con perro. Mientras tanto, sobre un escenario, 15 tíos con túnicas, que dicen que son keniatas, tocan sus tam tam ante mil personas que escuchan y 5.000 que pasan de ellos y le dan al kalimocho. ¿Y por eso tanto jaleo?, se preguntarán. Es que hay algo más que no se ve y ese algo es el mito. Sí, en Cáceres y en parte de Extremadura, el Womad es un mito, en concreto, el mito de la progresía cuarentona, que lo identifica con la libertad, la felicidad y, sobre todo, el tiempo en que aún eran veinteañeros y revolucionarios. En Cáceres hay cuatro símbolos que no se pueden tocar: uno facha, la Cruz de los Caídos, otro progre, el Womad, y dos transversales: la Virgen de la Montaña y el equipo de baloncesto. Tocar esos mitos es como entrar en la tumba de Tukankamon: te mueres seguro. La Virgen apartó al PSOE de la alcaldía 12 años. Saponi no supo resucitar el equipo de baloncesto y feneció. Y Carmen Heras, que es muy lista, ha resucitado el baloncesto y venera la Cruz, la Virgen y el Womad.
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Torre de la Concatedral de Santa María. La bandera con el logo de Cáceres 2016 jode la foto. No digo que en los monumentos no se pongan cosas así, pero que sean temporales, por favor y no se queden impertérritos en los muros.

Se completa entre los siglos XV y XVI sobre una construcción del siglo XIII de maneras mudéjares y techo de madera. Se cree que el emplazamiento original lo ocupó una mezquita. Realizada completamente con sillares de granito, su estilo se puede considerar románico de transición al gótico. Tiene dos portadas góticas, la del Evangelio, con finas arquivoltas y una imagen de la Virgen en el tímpano, y la portada de los Pies, en la que destaca el escudo de Orellana. La iglesia tiene una sola torre, renacentista de tres cuerpos y planta rectangular, coronada por tres flameros. En la esquina externa de esta torre, realizada entre 1554 y 1559, se halla adosada una estatua de San Pedro de Alcántara.
Cuando hablas del antiguo Cáceres todos tenemos en mente la maravillosa ciudad medieval que se abre ante nosotros en la Plaza Mayor, sus palacios y torres. Pero hay una ciudad anterior, la “Al-Qazires” o “Al-Qazeres”, que literalmente significa “ciudad amurallada”. De esa época anterior a la llegada de los cristianos queda el aljibe y sus murallas. Si paseas por la zona de “Mira el río” encontrarás la panorámica de las murallas almohades circundando la ciudad y sus palacios destacando sobre ellas. Hubo mil intentos para sacar la foto hasta que encontré un buen punto de apoyo y aquí está el resultado.

Tras un probable paréntesis de despoblamiento y abandono de la vieja colonia romana, la ciudad cobra renovada actividad con la llegada de los árabes. La nueva población musulmana reconstruye el núcleo intramuros y reedifica sus nuevas murallas y torres de tapial sobre los recios sillares graníticos romanos. Los restos constructivos supervivientes de esta época -buena parte de la cerca de la alcazaba y el notable aljibe del desaparecido alcázar, hoy palacio de las Veletas- pertenecen ya a la etapa almohade y, concretamente, al último tercio del siglo XII, momento de inestabilidad política y militar a causa del amenazante avance de las tropas cristianas. Esta imponente muralla demuestra la importancia estratégica que poseía Cáceres como bastión clave en el acceso hacia la cuenca del Guadiana.
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