Cuando anduvimos por Dublín, acabamos en el Trinty College, donde vimos el Libro de Kells. De allí me traje este poema, escrito por un monje irlandés en St. Gallen, Suiza, en el siglo IX. El otro día cuando me puse a escribir (poco) y seleccionar fotos (muchas), mientras Lolo jugueteaba en el salón, recordé este poema, y no creo que haya nada mejor para retomar este blog.
Solemos yo y Pángur Bán, mi gato,
en lo mismo los dos pasar el rato:
cazar ratones es su diversión,
cazar más bien palabras mi pasión.
Es preferible a todo aplauso humano
sentarse con papel y pluma en mano;
y Pángur no me mira con rencor,
siendo él también sencillo cazador.
Frecuentemente, un ratoncillo errante
cruza el camino de mi gato andante;
alguna idea más, frecuentemente,
coge en sus redes mi afilada mente.
Vigila el muro con sus ojos vivos,
redondos, maliciosos, agresivos;
escudriñando el muro del saber,
mi poca comprensión busco extender.
Día tras día, a Pángur su ejercicio
lo ha hecho ya perfecto en el oficio;
yo noche y día alcanzo más verdad,
trocando en clara luz la oscuridad.
Juanma le explica al pequeño Timmy en qué consisten los chistes del tebeo “Consejos Sexuales” de Álvarez Rabo.
Una vez que tienes algún animal en casa, sin contar con Juanma, digo, gatos y eso… Pues ahora entiendes que debería estar prohibido el comercio de éste tipo de animales. Las protectoras, perreras, etc, siempre por falta de recursos, están atestadas de animales sin futuro, con la “eutanasia” como única opción. Yo no distingo “chuchos” de perros, y no entiendo como alguien se puede hacer cargo de un ánimal guiado por modas o apariencias.
Uno intenta mirar a otro lado y pasar del tema, pero gracias a Lolo, la conciencia me dicta que me haga cargo por ahora, mientras consigue un buen dueño. En la calle se lo hubieran comido, es una miniatura…
Os presento al pequeño Timmy O’Toole, blanco con manchas negras, y con la cara a lo Gene Simmons, debe tener unos tres meses y la cabeza no más grande que un puño. Apareció dando tumbos por la piscina de Valdesalor, con más hambre que el perro de un ciego.
Los gatos son limpios, dan muchas menos molestias que un perro y te dejan la casa pelada de insectos. Si estás solo, te hace compañía. Si sois una pareja, sabréis lo que es criar a alguien. Si tenéis a un chaval/a, que lo cuide y sepa que es la responsabilidad. Lo regalo (que con Lolo ya tengo bastante). Dadme un toque que lo llevo donde sea.
Estimado autor de “Idiota por un año“, millones de sus lectores estamos hasta los cascabeles de sus entradas, no nos interesan. No tienen esa frescura de la prensa rosa ni la profundidad de los editoriales de la Razón. Lo ameno brilla por su ausencia y usted, señor mío, interesa cada vez menos. ¿Y qué decir de las fotos? Las que no parecen ser tomadas por un mono titi pasado de roscas, son robadas a varios de sus amigos. Este blog huele. Huele a cuco.
Pero sí he de reconocer que me tiene preocupado el estado de Lolo González González. A pesar de convivir con usted, sus apariciones en esta mierdasitio son escasas, y muchos nos tememos lo peor. Haga el favor, ipso facto, de revelarnos como se encuentra ese adorable felino.
Sin más, váyase usted al infierno.
Anónimo.
P.D.: Bueno, una pista sobre mi personalidad. En el Contempopranea llevo bigote y malliot de ciclista.
En fin, querido señor anónimo (aunque esa pista cierra el círculo de posibles escritores amenzantes a dos fulanos en todo el planeta). Primero he de decir que comparto con usted todos y cada uno de sus comentarios sobre esta modesta bitácora. En segundo lugar, y atendiendo imperiosamente a sus peticiones, he de afirmar a los cuatro vientos cibernéticos que Lolo está bien, aunque ya pasaron sus días de gloria, cumplió el año y cada vez es más vago, como su dueño. Eso sí, su aspecto es de estar más delgado, al contrario de su dueño, debido al fastidioso y toca pelotas asunto de la caida del pelo en verano.
Hace unos meses recibía a diario millones de cartas de fans, faxes desde el extranjero, anónimos amorosos, epístolas de preocupación, etc… Todas dedicadas a Lolo, ya que después de los rumores sobre su sexualidad cambiante y de que no come suficiente (puro bulo de callejón), muchos mostraron una gran preocupación. Hay que decir a día de hoy que Lolo está muy bien, de hecho varios afirman sin rubor alguno que está engordando, incluso que parece que se ha comido una mula torda. Después de su adopción con un par de meses o así, me atrevo a afirmar que Lolo se ha convertido en un gato adulto buena gente. Un compañero de casa tranqui, que solo se torna en gato demente cuando hay visita. Realmente agradezco tenerlo como compañero de casa porque así charlo un rato con alguien todas las noches y rompe un poco la monotonía de la (por otra parte bendita) soledad.
Ya estoy cansado de vivir solo y he pensado en compartir el frío o las inundaciones de la Casa del Picadero. Pensé en un perro, pero no, demasiado dependientes de sus amos (¿ir por la calle recogiendo sus mierdas con una bolsa? No va conmigo). Los peces no enamoran, y los pájaros no tienen personalidad (bueno, los loros quizá un poco). ¿Echarme novia? Imposible. ¿Compañeros de trabajo? Demasiado buenos para mí. ¿Un muñeco de trapo? Era una opción. ¿Un mono tití? Ojalá, pero salen caros y podrían solapar mi personalidad fácilmente. Así que opté por compartir mi casa con…
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Notas
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