Sierra de Arrábida y Setúbal (junio de 2010)
Tocaba alejarse de la calurosa Extremadura hacia el litoral, en uno de esos famosos viajes con hermano Méndez incluido. Si el año anterior fue Mando, este tocaba con Jamanel.
Fotos propias excepto las indicadas.

El objetivo era encontrar un hueco en la Sierra de Arrábida, al ladito de Setúbal. Probar la mar salada y juntarnos con unos escaladores, sin intención de escalar, claro.

El camping, normalito tirando a malo, como muchos de Portugal, pero no somos exigentes si te levantas por la mañana con el mar de plata.

Nuestro contacto con los escaladores era este tipo. Nos dijo que iría de negro con un paraguas en la playa, para reconocerlo rápido. Ya véis… Foto Juanma.

Nada más pasar Setúbal te encuentras con la carretera estrecha, que a ciertas horas de día solo tiene un sentido. Una playa grande y otras pequeñitas entre rocas y rincones de difícil acceso. ¿Y qué me decís del rescatador? ¿No preferirías ahogarte antes de que este fulano te haga el boca a boca? Toca tomarse unas cervezas y luego a meterse en la sierra. Foto Juanma.

Si a un tipo que le cuesta arrastrar su propio cuerpo de la cama al sofá, le dices que para tener unas buenas vistas con los escaladores tiene que descolgarse por una cuerda dos o tres metros, lo matas un poco. Ahí acabó mi actividad por esa tarde, y me atrevería a decir que por el fin de semana. Foto Juanma.

Después de una noche de cena mayúscula, alguna que otra caneca y prestar mi guía portuguesa a Mar (que algún día me devolverá en persona), Juanma y yo nos dimos una vuelta por la, en principio sosa, ciudad de Setúbal. Un puntazo es el mercado y enredar por los puestos de pescado, y aprender definitivamente que el pez espada no es lo mismo aquí que allí.

Los bonitos azulejos del mercado, si pasáis, entrad y llevaos algo.

La iglesia del antiguo Convento de Jesús, estilo manuelino a tope.

El interior, todo restaurado. Me encantan esas columnas retorcidas, o las nervaduras cinceladas como cordones.

Praça do Bocage, con el monumento a Manuel Barbosa, si no me equivoco. Uno de esos personajes con una biografía acojonante, de las de película.

Iglesia en la misma plaza.

Como todas las plazas de la costa, Setúbal tiene su fuerte para vigilar el mar y protegerse del interior, que allí no se suelen cocer cosas buenas. En este caso, situado en el alto, con unas vistas privilegiadas de la bahía. Hoy día en un establecimiento turístico.

Mandado construir sobre obras anteriores por el rey español Felipe II en el siglo XVI, ha sido cárcel y lugar de batallas y asedios entre españoles y portugueses. Foto Juanma.

A lo lejos divisamos el comienzo de la península de Troia, que tiempo atrás contempló ya viajes y mamarrachadas por nuestra parte. Sobresalen moles de hotel para afear todo, por supuesto. Desde Setúbal, un ferry te acerca a Troia, y en verano puede haber colas.

Si me hubiera tomado en serio algunas aficiones, a lo tonto podría haber trazado una ruta de fortificaciones de costa portuguesa, pero claro, no nos centramos. Dos de mis favoritas fueron Beliche y San Miguel. Foto Juanma.

Nos volvemos, por si no nos dejan salir del fuerte, y toca volver a casa. Estos son los fines de semana bien aprovechados, estoy deseando que lleguen más.

no nos mientas, que intantes hacerte el ahogado unas cuantas veces, pero el rescatador, admirador de haselfor de mirada de halcon y cuerpo herculiano ,paso de ti.
¿Cómo que pasas de mí? No vamos a repetir este verano?