Con el aroma de Irlanda aun en la cabeza, a los tres días de llegar a Cáceres pusimos rumbo a la costa portuguesa. En esta ocasión, Gominolo y yo en la carretera, uno contra uno. Mierda para cada uno. La idea era otra, pero gracias al puto GPS (di no a esos cacharros) nos desviamos a otro lugar: Peniche, pequeña península del centro (más o menos) de la costa portuguesa que no visitaba desde 2006. Voy a repetir entonces lugar, porque yo soy muy de repetirme (con las historias, las anécdotas, y el gazpacho, sobre todo si va cargadito de ajo). Y porque además el servicio que usaba antes para guardar las fotos es una mierda y ya no salen (algún día con tiempo restauraré las fotos de las viejas entradas). Aquella vez fuimos Platín, Paparra y Esme.
Buenos días desde el camping. Unos 8 euros por cabeza el fin de semana…
A Gominolo y a mí se nos olvidaron las cámaras, así que las fotos son del móvil (disculpen la calidad). Como novedad, Armando Jaleo, que suele manipular y usar a sus modelos como le viene en gana, es ahora utilizado por mí como una especie de cutre modelo. Gracias Troncho. Te jodes como Herodes.
El foso y las murallas del siglo XVI. El pueblo acabó creciendo fuera de las murallas, gracias en gran parte al turismo. Eso no quiere decir que jodieran los muros ni nada, pues forma gran parte de sus atractivos. Solo en lugares como Badajoz se permitieron destruir sus murallas en pleno siglo XX.
En Peniche siempre ponen una especie de mercadillo de cosas viejas y cacharros. Casi todo una mierda, pero siempre miras esperando a que aparezca un pequeño tesoro entre la chatarra. Al menos yo.
Una buena opción para jalar es pasarse por el mercadillo. ¿Papos secos a 14 céntimos? ¿Frutas o queso baratico? Sí.
“Ay las patatitas, qué ricas, qué ricas…” La táctica que sigue es la siguiente: cava un hoyo con sus manos de niño rico para confeccionar una especie de silla arenosa. Normalmente ocupa todo la sombra que genera la sombrilla, con lo cual, si te quedas fuera, pues te jodes y bailas. Y te quemas.
Gominolo y la cometa arreglada con cinta americana. A pesar de que había fulanos capaces de levantar aparejos de varios metros cuadrados para la práctica del Kite-Surf, nuestro amigo levantó a duras penas su cometa de la arena, achacando tal desastre a la escasez de viento…
Las siete de la tarde, y ya tienes casi toda la playa para tí solo. ¿Véis el tío del Kite-Surf? Pues eso.
¿Qué? ¿Es que a vosotros no se os ha salido un güevo con estos bañadores tan escasos de tela? Hombrepordiossssss…
Si léeis entradas antiguas (jajaja) de mis excursiones a Portugal, sabréis que me gustan los cabos (quizá, el que más, el Cabo de San Vicente). En Peniche podéis ver hundirse el Sol en Cabo Carvoeiro, por detrás de las Islas Berlangas.
Nos queda pendiente un pequeño viaje a las Berlangas… más tarde que temprano se hará.
Ante tal espectáculo natural, Gominolo no puede hacer otra cosa que rascarse las cascabeles…
¿Os he dicho ya que en Potugal, por regla general, se come la mar de bien y barato? El componente gastronómico en estos pequeños viajes es tan importante como la propia playa. Filetes de atún (bien pasaditos, pero que conserven “el sabor a mar”) y espetadas, con las canecas de rigor.
Como salió el día lluvioso, nos metimos en la Fortaleza de Peniche a ver qué había. Y había una exposición de cacharros de estos para comunicación de radio entre barcos. Como no sé del tema, pues poco más (Gominolo si estuvo mirando trastos, fíjate tú). Tienen una cabina de barco para hacer el imbécil un rato si quieres.
Dento de la fortaleza, además de un barco de salvamento, se encuentra la prisión que se montó bajo el régimen de Salazar. Se pueden ver algunas estancias como el lugar de visitas a presos o la zona de interrogatorios. Un lugar para recordar que hasta hace nada tuvieron una dictadura, como nosotros.
En un extremo, una pequeña fortificación que mira al Océano Atlántico. En el siglo XVI tuvieron que fortificar lugares como éste para evitar a los corsarios ingleses, franceses y piratas berberiscos. Cómo me gustan estas historias de piratas, barcos y batallas (gracias algunos libros y viejas pelis, supongo, de la era anterior a las consolas y el ordenador). Tendrían que tener a los reyes portugueses fritos con tanta brasa pirata, así como hemos visto construcciones de este tipo en Sagres, Nazaré, Vilanova de Milfontes o Ilha Do Pessegueiro, entre otras.
Una especie de cuenco de cerámica en la muralla, abierto hacia el pequeño acantilado… Venga, a ver quién adivina qué es esto…
Gracias a Armando y su demostración prática no hay mucho que añadir, ¿no?: ¡El cagadero! “¡Aprieta pequeño, aprieta!”
Bueno, es fácil preguntarse que si las dos veces que hemos ido a este lugar ha llovido, a qué se debe el interés. Realmente la península, al estar tras unas sierras cercanas a la costa, debe favorecer esa particular clima. Pero a veces en verano, buscas sitios donde no pasar calor y playas no masificadas… No recomendado para frioleros y amantes del chiringuito playero.
Y un día cogeremos el barco a las Islas Berlangas.
























9 Septiembre 2009 a las 19:31 |
De todo lo contado y acontecido en este blog esta es la primera vez que se cuentan tantas mentiras y atrocidades.
9 Septiembre 2009 a las 21:50 |
Qué lástima del microclima de Peniche, es casi imposible ir y que haya buen tiempo todo el tiempo. Bueno, supongo que formará parte de su encanto.
Veo que Armando abusó de la cerveza, no?
9 Septiembre 2009 a las 22:49 |
qué par de huevos, y nunca mejor dicho, al poner esa foto….. todos sabemos a cuál me refiero…. andaaaaaaaaaaaaaa que no
17 Septiembre 2009 a las 09:25 |
Armandojaleo: tú si que eres mierdoso
David: Eso es lo que me atrae, para mí es totalmente posible ir. De hecho, cada vez es más visitado por españoles. Armando no abusó, es el hombre tranqui.
La gallega: la verdad es que es poner mierda sobre mí, pero todo sea por la risa.