Mejor conocer sitios ahora que hay dinero para pagar la gasolina, coches disponibles y parras sin compromisos, ¿no? Esta vez, lo mejor de las dos provincias extremeñas se conjuraron para darse un garbeo por la ciudad fortificada castellana. Como siempre, centenares de fotos se han quedado fuera, solo algunas permanecen para mostrar nuestra impronta en la noble ciudad (que se redujo a andar de aquí para allá, comer lo que dio de sí la barriga y el monedero y poco más… bueno, sí, algo más, pero para la siguiente entrada… jeje)
Después de la típica noche gay donde dos de los tres Muchachos durmieron en la misma cáma del Chiquipiso (y yo no es por señalar a Paparra o Rigoberto, pero yo soy un hombre que se viste por los piés tos los días…), pusimos rumbo al norte. En plena Sierra de Gata, nos paramos a comernos la comida de David y a admirar el paisaje incipiente otoñal.
Ya en la Plaza Mayor de Ciudad Rodrigo, tres fulanos en pose amenzante que sin embargo no asustarían a una viejecita sorda, indefensa, ciega, muda, coja y con Sida. ¡Por favor…!
Portada lateral de la Catedral de la ciudad. Esculturas muy interesantes con los 12 personajes bíbliocos más votados en el top ten de las iglesias de la época.
Gambiteros de primera: Trinidad y Tobago, Davison Paparra y Robertez.
Pinchos. Nada espectacular, salvo los huevos con la cosa esa muy parecida a la patatera trujillana. Lo demás, ni fu ni fa.
El ayuntamiento porticado de Ciudad Rodrigo, de clara influencia renacentista.
Los verdaderos primeros pobladores de la ciudad son los vetones, pueblo de origen celta, que ocuparon este territorio hacia el siglo VI a. de C. Los vetones fueron los primeros en llamar a la ciudad Mirobriga Wettonum, y de ahí viene el nombre de mirobrigenses con que se denomina a los habitantes de Ciudad Rodrigo.
Con la invasión árabe toda la zona vuelve a ser asediada. Alfonso I reconquista las tierras de Miróbriga a los árabes y se las otorga al caballero francés Teobaldo, que repuebla con sus gentes toda la zona y da nombre a la Sierra de Francia. Se cree que en esta época de luchas entre moros y cristianos se escondieron muchas imágenes religiosas en las montañas, algunas de las cuales se han ido encontrando con el paso del tiempo. Hasta el reinado de Alfonso VI poco se conoce de la historia de Miróbriga, ya que apenas hay referencias fiables a este período. Únicamente se podría afirmar con certeza que Civitas Augusta nunca llegó a desparecer por completo, a pesar de las numerosas destrucciones de que fue objeto. En el año 1.100 el conde don Rodrigo González Girón comienza de nuevo la repoblación de la ciudad y le da el nombre definitivo de Ciudad Rodrigo. Esta repoblación se lleva a cabo, fundamentalmente, con gente de León, Zamora, Segovia y Ávila.
Sin embargo, el auténtico restaurador de Ciudad Rodrigo es el rey Fernando II de León, que fortifica la ciudad con murallas para defenderse de los moros y de su suegro, Alfonso Enríquez de Portugal. Al mismo tiempo trae caballeros de la alta nobleza, concede privilegios a sus pobladores y decide restituir la sede episcopal, ordenando también el comienzo de la construcción de la Catedral. En el siglo XIII el rey Sancho IV otorga un privilegio a Ciudad Rodrigo por el que se asegura para siempre una vinculación de la Ciudad a la Corona. Este hecho provoca que se establezca aquí una nobleza de gran importancia que pronto se va a enzarzar en continuas luchas por el poder.
La época de mayor esplendor de Ciudad Rodrigo es la de los siglos XV y XVI. En esa época se construyen la mayoría de las joyas arquitectónicas con las que cuenta la ciudad, desde monumentos religiosos a palacios y casas señoriales. En los siglos XVII y XVIII, a causa de la Guerra de Sucesión de Portugal y la Guerra por la Sucesión de los Austrias, buena parte de la ciudad es destruida. Lo mismo ocurre a principios del siglo XIX, con la invasión de las tropas francesas, que destruyen parte de la riqueza arquitectónica mirobrigense.
En 1944 fue declarada Conjunto Histórico Artístico. Son muchos los motivos por los que merece esta denominación: Muralla, Catedral, Palacios, Iglesias, Castillos…
Pose NO prepara y/o estudiada núm.: 3.126. Quizá debería ser la chica la que posara tumbada relajada mientras el tipo mira desafiante a la cámara, pero así lo quiso el truchón de David y lo que él diga, para mí va a misa.
La Torre del Homenaje del Castillo del S. XIV Enrique II Trastámara. Supongo que estas torres se llamarán asi porque los fulanos no pararían de darse homenajes, ¿no? Es decir, un día llegaba el rey y decía “pues hoy me voy a dar un homenaje me voy a comer un lechón”. ¿No?, ¿algún historiador en la sala?
La fachada de la catedral, con impactos de algún asedio sufrido hace siglos por la ciudad.
Pinki y Winki, los Muchachos cariñosos, se abrazan a las columnas de un templete erigido frente a la catedral.
Qué bueno es tener amigos con la llama del conocimiento prendida en el ojete. ¿El siguiente paso, a dónde?
Patio renacentista increiblemente restaurado a la perfección del Palacio de los Águila, donde admiramos (en mi caso, en parte, porque no em atraían todas las piezas) una colección de los mismos propietarios de la Casa Lys de Salamanca. Modernismo a cascoporro, y muñecas en exceso. Pero con bonitas figuras en todo caso.
Una vista para acabar del mismo patio, y otro día más que llegaba a su fin.
Antiguos comentarios:



















Noviembre 28th, 2006 at 20:51 Haiiiiis, que bien lo pasamos gambiteando. Vaya arte que tienes quillo, haces del blanco sobre negro un arte!
Noviembre 28th, 2006 at 20:52 Haiiiiis, que bien lo pasamos gambiteando. Vaya arte que tienes quillo, haces del blanco sobre negro un espectáculo!
Noviembre 28th, 2006 at 21:03 Tío, porqué haces dos comentarios y cambias una sola palabra? ¡Que ya sabemos que manejas los sinónimos!
Noviembre 28th, 2006 at 22:14 Ha faltao el testimonio carnavalesco y el buñuelesco. Imperdonable la falta de tan ilustres reseñas.
Noviembre 28th, 2006 at 22:41 POr supuesto amigo Roberto.
Además, las referencias grastronómicas se han quedado ligeramente cojas. Se te han olvidao los buñuelos y demás dulces tomados para la ocasión, el duelo de buñuelos que no se llevó a cabo y el café-desastre del parador.En fin, una gran experiencia muy recomendable para todos los gambiteros y gente que está tol día por ahí.
Diciembre 2nd, 2006 at 2:22 La guinda del disfraz y el teatro, me la reservo para dentro de unos días. Pájaros!