Re-Post: Vacaciones 2006 en… ¡Peniche!

Para celebrar que ahora mismo estamos en Londres, vamos a recordar las vacaciones del verano pasado:

Apurábamos las vacaciones de verano, aun nos quedaba una semana, y mis compañeros favoritos, Paparra y Platín, tenían en la cabeza emigrar un fin de semana de nuevo hacia el oeste, a la costa de Portugal, pero esta vez, dejar de lado nuestro Porto Covo nudista, y subir un cojón de kilómetros hacia el norte y encontrarnos allí con Platín, que viajaba desde Salamanca. Por ello pusimos nuestras miras en Peniche, pequeña península que en principio nos ofrecía una orgía de sol, praia, agua y diversión veraniega… el tiro nos salió por la culata…

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Peniche, un lugar famoso por sus rachas de viento, que aprovechan los surfistas y cometeros (¿se dice así, Davison?) para sus peripecias aéreas. A veces creo que todo fue una encerrona para asistir a las pruebas de vuelo de la cometa, que dicho sea de paso, alcanzó su madurez aérea y tanto David como Parra nos obsequiaron con centenares de piruetas y acrobacias.

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“¡Alugan-Se!, ¡Alugan-Se!”, gritaban decenas de viejas a los coches que llegábamos al centro de la población. A algunas les faltaba el canto de un euro para tirarse sobre nuestros parabrisas y así detener el coche para susurrarnos en su portugués portuario una oferta de alojamiento incontestable. Al final, nos fuimos con las que menos caso hicieron, ya que Esmeralda, nuestra cuarta compañera de viaje, que no lo había dicho, se enamoró de las colchas de la cama, probablemente un greatest hit del diseño allá por los años 70…

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Bien, a medida que nos acércabamos a la costa, el excelente tiempo veraniego de principios de septiembre se tornó, en un plis-plas, en un santiamén, en un tiempo cuasi-invernal con una bajada de temperaturas de las que hacen época, y una neblina tan densa que Jack el Destripador se hubiera empadronado sin duda en ese pueblo para cometer sus fechorías. Con lo cual, aunque algunos valientes probamos el mar, que ni decir cabe, estaba fressshhhquísssimo, los planes se transformaron en realizar visitas culturales, comer y beber como condenados a muerte en su última cena. En la foto, Parra, David y Esme planean la próxima jugada.

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Y llega la tontuna: Parra solicitó en un amable portugués, “un litro de cerveza” que anunciaban a bombo y platillo en el garito que penetramos. Mientras los cuatro imaginábamos una jarra de proporciones descomunales, un tubo sin fin que se alzara al cielo pletórico de cebada fermentada, el garçon de Peniche nos acercó una tabla llena de agujeros, donde encaba distintos tipos de cerveza… después de nuestro incial estupor, dimos cuenta en menos que canta un gallo de tal mosaico cervecil que se nos ofrecía. En la imagen, una nueva foto totalmente espontánea ante la tabla que, como habrán adivinado, medía un metro exactamente.

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Después, la comida en sí, en un coqueto restaurante especializado en platos marítimos, donde, todo hay que decirlo, Esme enamoró al encargado con esos ojazos que gasta. Cierto es que, antes de agasajarla con piropos a los que un albañil jamás podría aspirar ni en cien vidas, preguntó al resto de los comensales si la señorita tenía algún tipo de relación medianamente seria con algunos de nosotros. Una vez mostrada la negativa, y viendo el cielo abierto, se relamió los labios y soltó aquello de… (¿que te dijo, que no me acuerdo?).

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Buscando la forma de bajar la opípara cena que nos ofrecimos para compensar nuestro bajón veraniego, una vez más buscamos un huequecito donde tomar algo. Peniche debe estar bien en pleno verano, con toda la gente que acude a los campings, a las casas, a hacer surf, etc y todavía quedaban restos de esos personajes además de los propios lugareños. Nota para recordar: jamás pidáis una copa en Portugal, ya que el tamaño del tubo es de risa, y los precios son para llorar. En esta ocasión, vemos a Parra otra vez, una vez más, siendo el rey de la pista.

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Vamos, que nos vamos. Vaya tres gambiteros.

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Cerca de la casa que alquilamos por unas horas, una estatua homenaje a la mujer trabajadora que borda redes para pescar, o algo así. Lloviznaba en ese momento, y se preparaba un timba en la habitación acompañada de copazos para así conciliar mejor el sueño. Aunque hay que decir, que echar una cuatrola con David es como intentar llevar a la ópera a un niñato amante del tunnig: el interés que demuestra es ciertamente escaso.

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Un anuncio en una farmacia penichera… lo descubrí un domingo, si no hubiera entrado a pedir una cajita para otras ocasiones.

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¿Bueno, es posible que a mitad de la noche, un desgraciado del país vecino rompa un cristal en nuestra habitación y nadie se entere ni por casualidad? Es posible, tan solo el Freddy Mercury Negro, mi cuarto hermano Parra, dice que oyó algo en la lejanía que tomó como un sueño que se perdía entre brumas. Vamos, que podía haber entrado una marabunta enloquecida que jamás nos hubiéramos dado cuenta. Por la mañana, veía desde mi sofa cama (David y yo estábamos al lado de la ventana…) una serie de graciosas figuras me entretuvieron en mi duerme vela hasta que me dio por levantarme y pisarlas, ¡no eran gráciles reflejos de la luz matutina, eran cristales! En la imagen, David se asombra del suceso y sigue el rastro de sangre (literal) que había dejado el portugués rompe-cristales nocturno.

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Melancólicamente, Esme se asoma al mar otoñal mientras los rudos pescadores buscan a los animalillos que compondrán la pitanza del día.

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Esmeralda y un Parra que aun se niega a admitir que hace fresco (si no, observen su bañador y chanclas), posan grácilmente en el faro que marca su posición en ese trocito de Atlántico.

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El fuerte de Peniche, como dicen por ahí “mandada construir no século XVI, por D. João III”, y su acceso desde el oceano para amarrar las barcas dentro del perímetro de la muralla. Este fuerte se conserva en muy buen estado y dentro alberga algún museo.

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El acceso a la plaza fuerte desde el pueblo se hace a través de un puente, fácilmente rompible por si la plaza es asediada y hay que aguantar lo que le echen… Tiempos duros los del siglo XVI…

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¿Porqué a veces no es posible hacer una foto sería, por mucho empeño que ponga uno? David y Manolín haciendo hambre.

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Como véis, le tengo mucho aprecio a mi antigua compañera de facultad y actual camarada de trabajo, pero me recordó que tenía más grupos y usuarios que yo, y en un ataque de envidia mal sana intenté acabar con la prometedora carrera de la dinamizadora de Malpartida de Plasencia… todo acabó en un susto.

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… y luego venía Parra con un cubo de alquitrán, y yo pinchaba la bolsa con gomaespuma, pero falló la coordinación.

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Antes de irnos, nos dimos una vuelta por la península para encararnos con el Atlántico en todo su esplendor. En el lado más ocidental, la playa se transforma en acantilado.

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Un tontuno Parra se asoma al infinito desde las piedras.

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Esmeralda con el oceano a sus espaldas, más allá, América (entremedias, las Azores, ¿no?)

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La roca desafía al oceano, aunque está perdiendo la partida. Esta queda bien de papel tapiz, chato.

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La pose gambitera, típica de pata-liebres y masca-hierros, se acaba el mini fin de semana otoñal en pleno verano.

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Típica foto artística, la composición demuestra un saber hacer y una conjunción poligonal de agarrarse los machos. Miesntras Esme se sienta mirando al infinito, Parra realiza la típica pose del Discóbolo, pero con mucha menos gracia, altivez y soltura que la obra de Fidias, miesntras que David encuentra su oportunidad de figurar para la posteridad metiendo la puta cabeza entre las salomónicas patorras que ha cebado el sin par Parra. Hay decenas de fotos, más, pero con estas ya vale, chachos.

Comentarios antiguos:

  1. Esmeralda Ruiz-Moyano Seco de Herrera Says:
    Octubre 23rd, 2006 at 13:25 eJajajaja!!! qué bien me lo pasé! Aunqeu con mucho mucho frío… A ver para cuándo la próxima! Y TOLEDO?? AYAY, AL FINAL NO VAMOS…

    BSOTES FORTOTES

  2. mgonzal77 Says:
    Octubre 23rd, 2006 at 13:27 eLa paciencia es una virtud, querida amiga. Ahí sigue como objetivo, a ver qué dice Parra y demás gente…

  3. Paparra Says:
    Octubre 23rd, 2006 at 16:46 e

    Si es que para pasárselo bien sólo hace falta predisposición. Porque mira que nos podíamos haber cabreado por el tiempo, por el rompecristales luso o por lo caro de las copas…
    Lo de Toledo,…, no sé, pero para este finde no puede ser, que tengo compromiso apalabrado. Sorry Coka.

Una respuesta para “Re-Post: Vacaciones 2006 en… ¡Peniche!”

  1. Vila Nova de Milfontes (1-3 de agosto de 2008) « Cacereño por un año Dice:

    [...] sobre todo de piratas y otros europeos hostiles. Ya hemos visto fortificaciones como ésta en Peniche, Ericeira o Ilha Do [...]

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